Cada vez que un presidente demócrata intenta “acercarse” a Cuba, el resultado es el mismo: el régimen toma el dinero, hace promesas vacías y sigue encarcelando disidentes. La política de Biden con Cuba fue exactamente eso — y es hora de decirlo sin rodeos.
El Error de Biden: Confundir Diplomacia con Concesiones
La administración Biden heredó la política de máxima presión de Trump y procedió a desmantelarla pieza por pieza. Reabrió los consulados, facilitó los viajes, aumentó las remesas permitidas y eliminó a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo — brevemente, antes de volver a incluirla.
¿Qué obtuvo a cambio? Nada. Absolutamente nada.
Cuba no liberó presos políticos. No permitió elecciones libres. No abrió espacios para la sociedad civil. De hecho, la represión aumentó durante la era Biden. Después del estallido del 11J en julio de 2021, el régimen encarceló a más de 1,000 manifestantes — muchos de ellos menores de edad — y Biden respondió con… comunicados de preocupación.
Los Números del Fracaso
- Presos políticos: De 150 al inicio del mandato de Biden a más de 1,000 después del 11J. Ningún acuerdo de liberación significativo
- Migración: Más cubanos huyeron de la isla durante Biden que en cualquier período comparable de la historia. El éxodo balsero de 2022-2024 superó al de 1994
- Inversión extranjera en Cuba: Cero crecimiento. Las empresas internacionales siguen sin confiar en un sistema sin derechos de propiedad
- Derechos humanos: Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentaron un deterioro constante bajo la era de “acercamiento”
La Lección Histórica que los Demócratas Ignoran
Obama lo intentó. Restableció relaciones diplomáticas, visitó La Habana, abrazó a Raúl Castro en un juego de béisbol. El mundo aplaudió. Y Cuba no cambió en nada. El régimen usó la apertura para obtener divisas del turismo americano mientras seguía reprimiendo a su pueblo.
Es siempre la misma película: el engagement sin condiciones fortalece a los dictadores. Les da oxígeno financiero sin exigir reformas. Y lo peor — le dice al pueblo cubano que el mundo libre ha aceptado su sufrimiento como precio aceptable de la “estabilidad”.
Lo Que Trump Debe Hacer Diferente
La administración Trump 2.0 ha comenzado con la estrategia correcta: presión máxima. El bloqueo petrolero, las sanciones reforzadas y la retórica de “toma amistosa” han puesto al régimen en su posición más débil en décadas.
Pero la presión sola no basta. Trump y Rubio deben complementarla con:
- Condiciones claras y públicas: Elecciones libres supervisadas internacionalmente, liberación de todos los presos políticos, legalización de partidos opositores
- Un plan económico post-transición: Zonas de libre comercio, protección de inversiones, títulos de propiedad para los cubanos que quieran emprender
- Apoyo directo a la disidencia: Financiamiento para medios independientes, VPNs gratuitos, y respaldo diplomático a organizaciones como la Asamblea de la Resistencia Cubana
- Una coalición regional: Trabajar con los gobiernos conservadores de Argentina (Milei), Ecuador y otros para aislar diplomáticamente al régimen
No Hay Camino Medio
Con Cuba no funciona el “compromiso constructivo”. No funciona el diálogo sin condiciones. No funciona el pragmatismo blando que confunde diplomacia con capitulación.
Lo que funciona es la presión sostenida con objetivos claros y el apoyo incondicional al pueblo cubano. Trump tiene la oportunidad histórica de hacer lo que ningún presidente ha logrado: ser el que estaba en el cargo cuando Cuba finalmente fue libre.
La pregunta es si tendrá la paciencia y la consistencia para mantener el curso. La historia está mirando.